miércoles, 11 de junio de 2014

¿Diseño inteligente o evolución al azar?

Charles Darwin
Como toda teoría científica, la de la evolución será siempre provisional, pero en siglo y medio ha quedado muy bien contrastada. No es probable que venga una revolución que la declare obsoleta o equivocada, quizá tan sólo algún ajuste fino, como le pasó a la física de Newton con la teoria de la relatividad general de Einstein. Cualquier ataque contra la teoría de la evolución debería basarse en la constatación de hechos discrepantes, que hasta ahora no se han presentado.
El problema es que algunos de los que defienden la teoría de la evolución dan un paso más y caen en el mismo pecado del que acusan a sus oponentes, presentando elucubraciones filosóficas y afirmaciones dogmáticas como si fuesen teorías científicas contrastables.
Como cualquier teoría científica, la teoría de la evolución es un conjunto de hipótesis para explicar hechos conocidos, susceptibles de que se pueda demostrar que no son correctas. Se basa en la constatación comprobada de que las especies cambian, y estudia los mecanismos que pueden llevar a ello: mutaciones, ADN, selección natural... Cualquier connotación filosófica que se añada no tiene carácter científico, tanto si se afirma, con los creyentes, que detrás de todo hay un diseño inteligente, como si se dice, con los ateos, que todo es únicamente consecuencia de la casualidad.
Los partidarios de la teoría científica del diseño inteligente aducen supuestas pruebas, como la existencia de órganos y procesos muy complejos (los flagelos rotatorios de las bacterias, ciertos ciclos químicos delos seres vivos) o conductas complicadas (como las avispas que paralizan arañas inyectando veneno en cada ganglio nervioso). Estos argumentos se presentan hoy a veces como si fuesen nuevos e incontestables, cuando muchos tienen más de un siglo de antigüedad y hace tiempo fueron refutados por los biólogos evolucionistas, empezando por el propio Darwin.
Es imposible que las dos partes lleguen a un acuerdo. Si se descubriera algo en los seres vivos que fuese imposible de explicar con nuestros conocimientos actuales, un científico ateo dirá que alguna causa aún desconocida explicará, cuando se descubra, la cuestión pendiente. Por otra parte, aunque todo lo que se sabe sobre los seres vivos fuese compatible con la acción de fuerzas aparentemente casuales, no por ello queda excluida la hipótesis del diseño inteligente, pues Dios puede haber incluido un azar aparente entre las herramientas asociadas a la creación del universo. No se puede negar a Dios la posibilidad de usar mecanismos que nosotros sí podemos utilizar.
Experimento de vida artificial
Existe una rama de la informática (la programación evolutiva) que construye programas de ordenador inspirados en la evolución biológica. Se habla de vida artificial cuando estas técnicas se emplean para construir sistemas de agentes que remedan el comportamiento de los seres vivos. Simulando colonias de hormigas, por ejemplo, se arroja luz sobre el comportamiento de enjambres de seres que actúan juntos, lo que permite formular hipótesis sobre la aparición de entidades de nivel superior, como los organismos pluricelulares o las sociedades humanas.
Un experimento de vida artificial es un ejemplo de diseño inteligente por parte del programador, pero los agentes interaccionan bajo el control de algoritmos seudo-aleatorios, es decir, de algo parecido al azar. Ahora bien, Gregory Chaitin demostró que azar y seudo-azar son matemáticamente indistinguibles. Si alguna vez aparecieran agentes inteligentes en estas simulaciones, no podrían deducir la existencia del programador por experimentación, pues está fuera de su mundo, y podrían llegar a la conclusión falsa de que su existencia es consecuencia del azar. De igual manera, nosotros tampoco podemos demostrar la verdad ni la falsedad de la hipótesis que afirma que el universo no ha sido diseñado por nadie. Por lo tanto, dicha hipótesis debe considerarse extra-científica.
Ni el diseño inteligente ni la evolución puramente casual son teorías científicas, pues es imposible demostrar que sean falsas. Las dos son teorías metafísicas y deben presentarse como tales. Los libros de texto de ciencias naturales no tienen por qué presentar el diseño inteligente como alternativa a la teoría científica de la evolución, pero tampoco deben sugerir que la ciencia ha demostrado que Dios no existe o que el universo y la evolución biológica son consecuencia únicamente del azar, porque estas afirmaciones son falsas. La ciencia no puede demostrar ninguna de esas cosas.
Manuel Alfonseca

Publicado también en Tecno y Ciencia, 6/3/2012

4 comentarios:

  1. Acabo de conocer su blog al que he dado un somero repaso (la escasez de tiempo nos aflige a todos) pero que iré leyendo con mucho interés.

    En el caso de este artículo su posición, como creyente, queda bastante desdibujada casi se diría imposible de mantener a no ser que su creencia proceda de alguna iluminación sobrenatural o similar.

    Por otros artículos he observado que usted considera los “indicios” como datos muy fuertes a favor del diseño por lo que no acabo de entender esa puesta en paridad de las dos posibilidades, pues el diseño debería ser para usted mucho más confiable y seguro que el puro azar (la teoría evolutiva se fundamenta en posiciones no teleológicas, luego esencialmente en lo fortuito).

    Se puede argumentar que usted dice no ser comprobables científicamente ambas hipótesis pero creo esto un error, ya que la contundente suma de “indicios” le da aunque solo sea probabilísticamente (¿la teoría de la probabilidad no es ciencia? ¿no tiene la misma mecánica cuántica un corazón probabilista y es la teoría científica más contrastada?) mucha mayor verosimilitud al diseño.

    Simplemente la generación de información o lo que es igual, de vida, es completamente inexplicable al azar y la teoría evolutiva realmente ni siquiera lo estudia; hasta el mismo Darwin reconocía que ese problema era un imposible para la selección natural (y actualmente por cualquier otro concepto) que solo se aplicaría en organismos ya existentes; entonces ¿puede decirse o no científicamente si tal teoría es cierta o falsa, o al menos solo aplicable a los problemas menores de la naturaleza?

    Ese es, por ejemplo, uno de los “indicios” de diseño, que unido a las decenas de otros existentes e incluso comentados por usted (y a los que saldrán!) apoyan cada vez más una teoría y debilitan o hacen menor a la otra. NO es demostración matemática pura basada en axiomáticas estrictas, pero sí lo es si se entiende el mundo probabilísticamente o al menos se admite que tales probabilidades extremas sí representan argumento a favor de una posición y no de la otra, por tanto aunque la ciencia no es nunca definitiva y está expuesta a revisión, con todos los conocimientos actuales sí se puede decir que el diseño es casi infinitamente más probable que el azar, lo que de hecho le convierte en ciencia estándar que habría que refutar, no al revés.

    Eso del irenismo, ser equidistante cuando no se debe, no es lógico y menos contra oponentes que no le concederán nada, ni el dato o razón más evidente.

    Enhorabuena por su blog, que seguiré leyendo con placer.

    José Luis González Sanz

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    1. Gracias. No le contesto aquí, porque estoy preparando una serie de artículos sobre este tema que saldrán en mi blog a partir de mediados de enero. De todos modos, debe tener en cuenta que el cálculo de probabilidades aplicado a la evolución, tal como lo aplicó Lecomte du Nouy, no es correcto. Y que un conjunto de indicios, por grande que sea, no es equivalente a una prueba, como sabe todo lector de novelas policíacas (:-)

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  2. Muchas gracias por su pronta contestación; espero con impaciencia sus artículos.

    No estoy familiarizado con los cálculos de Lecomte du Nouy pero sin con muchos otros, como los de Salet, etc. totalmente validos en este sentido.

    Sobre los indicios puede que sea cierto como indico anteriormente que no es una prueba matemática estricta, pero si que cuando van siendo numerosos, incluso apabullantes o sin contrapartida lógica que los refute pasan a ser practicamente una prueba.

    Aún refiriendonos al ámbito jurídico que plantea ¡cuantas personas han sido condenadas a las peores penas con indicios ridiculos, practicamente inexistentes comparados con los que aquí tratamos, y eso en la más estricta legalidad! Esto ya nos indica que según nuestros prejuicios unas veces el tema es "irrefutable" y otras "risible", según nuestra particular opinión.

    Quedo a la espera de sus artículos y excelente trabajo.

    José Luis González Sanz

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    1. Como usted dice, con indicios que no eran pruebas se ha condenado a muchos inocentes. Por eso es tan importante distinguirlos.

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